WWW.LOVESTOREINN.COM.MX


| Recomienda esta página |

Discriminación hacia el Género Femenino

La adoctrinante tarea de velar por el cumplimiento y promoción de este ideal femenino fue encomendada a la Sección Femenina (de la Falange). Fundada en 1934 en España, la Sección Femenina de la falange, decidió crear “El Servicio Social Femenino” que nacía como homólogo al servicio militar obligatorio masculino. Este servicio consistía en el cuidado de ancianos, de enfermos o asistencia caritativa, ya que según la propia creadora de la Sección Femenina, las mujeres no podían tener ocupaciones mayores, "ya que nunca descubren nada, les falta ese talento creador reservado por Dios para inteligencias varoniles, nosotras no podemos hacer nada más que interpretar lo que los hombres han hecho".


Fueron muchos los notables de la época que apuntalaron el perfil sumiso y limitado con el que se pretendió condenar eternamente a las mujeres. He aquí algunos ejemplos de las “cualidades” que debía poseer una mujer en la década de los años 30's y 40's:

COMPLACIENTE.

Es un imperdonable error la negación al esposo del débito conyugal. La mujer no debe, bajo ningún pretexto, negar a su marido lo que le pertenece. Muchas mujeres que se lamentan de las infidelidades de sus esposos no quieren darse cuenta de que fueron ellas las culpables de la traición por no haber conocido a tiempo la enorme trascendencia del consejo que antecede.

(DR. NÚÑEZ. “Antes de que te cases”. 1946)

 

MATERNAL.

El organismo de las mujeres está puesto al servicio de una matriz, el organismo del hombre se dispone para el servicio de un cerebro.

(FEDERICO ARVESU, Médico y jesuita. “La virilidad y sus fundamentos sexuales”. 1962)

 

DIVERTIDA.

Los primeros juguetes de las niñas han de ser las muñecas o cosas parecidas, en conformidad con sus fines ulteriores. Por donde se lleve el agua, por allí corre; y el agua es la conciencia de las niñas en sus primeros años; que corra por sus cauces propios y femeninos.

(ANTONIO GARCÍA FIGAR, dominico. “Por una mujer mejor”, 1952.)

 

CORRECTA.

La actitud íntima de la especie humana es la posición horizontal, es decir, aquélla en que el hombre se sitúa delicadamente sobre la mujer (...). La posición vertical, o sea, de pie, no puede ser más peligrosa, pues expone al hombre a graves accidentes, por ejemplo, a la parálisis de las piernas.

Y cuando la mujer ocupa el sitio de su marido el acto conyugal no se cumple como debiera.


(M. IGLESIAS. “Problemas Conyugales” 1954)


Un suspiro de alivio aparece como respuesta a la certeza, de que muchas y diferentes batallas han logrado que sean estos, “otros tiempos”. Pero en este caso, no es buena idea bajar los brazos, y es que a pesar que la teoría legal, amparada en la constitución, habla de una equiparidad total entre derechos de hombres y mujeres, la realidad social es bien distinta. Los actuales datos estadísticos sobre trabajo nos devuelven sin compasión a la realidad machista.

 

Mujeres maltratadas

Más haya de las frías cifras, cada año mueren en decenas de mujeres víctimas de la violencia. El número de víctimas es preocupante. Muchas de las mujeres que son víctimas de la violencia lo son durante años y nunca denuncian a sus agresores hasta que ya es demasiado tarde.

Muchas de las que denuncian sufren un posterior acoso por parte de estas personas que las agreden y atosigan hasta lo insaciable. Además muchas mujeres no saben que el ataque o la vejación psicológica es también una forma de maltrato y viven así durante toda su vida.El número de mujeres maltratadas en no ha dejado de aumentar cada año. Muchas mujeres fallecien a manos de sus parejas o ex parejas sentimentales.

La discriminación del género femenino sigue siendo una realidad de la que debemos avergonzarnos en nuestros días, por ello cabría esperar una reacción unánime de todos los sectores de la población para poner fin a esta sin razón. Y de hecho es “casi” así, ya que son muchas las asociaciones de mujeres que con el apoyo de actrices, actores, director@s, escritor@s, periodistas, psicólog@s y muchísima gente anónima, empujan a la ciudadanía y a la clase política a buscar maneras de acabar con esto.

Pero nos queda el “casi”, y es que inexplicablemente, cuando los esfuerzos para lograr la concienciación de la sociedad parecen dar sus frutos, aparecen arcaicos cañones envenenados que ponen en peligro la fortificación de tolerancia que tanto cuesta construir.

Valga como ejemplo de lo anterior este extracto de una noticia publicada el 3 de febrero de 2004:

“La conferencia episcopal ha presentado un documento en el que acusan a la revolución sexual de las crisis de las familias.”


Los obispos están convencidos que quien tramita divorcios coopera con el mal y que las parejas que no pueden tener hijos no deben recurrir a las técnicas de reproducción asistida. Además hablan de que el aumento de los malos tratos a las mujeres es debido a las parejas que conviven sin casarse.

Sostienen que la culpa del bache por el que atraviesa la institución tradicional de la familia la tiene especialmente la revolución sexual que, según los obispos, ha separado la sexualidad del matrimonio, de la procreación y del amor, con consecuencias terribles y frutos amargos como la violencia doméstica, los abusos sexuales y los hijos sin hogar.

Y añaden que la mentalidad actual arroja a los jóvenes a una promiscuidad precoz de gravísimas consecuencias psicológicas. Para solucionar una situación que consideran abominable, los obispos promulgan una vuelta a los valores cristianos, que incluye la obligatoriedad de asistir, en familia, al menos a la misa de los domingos.

Pero otras propuestas aluden a colectivos profesionales muy concretos. Buen ejemplo es la parte del directorio que propugna que abogados y jueces se abstengan de participar en los procesos judiciales de divorcio. En esta materia, aclaran los prelados, los profesionales del derecho elegir entre la objeción de conciencia o la mera cooperación material con el mal. Un mal que, según el documento del episcopado, ha situado a la sociedad en una situación desastrosa.

No cabe sin embargo la sorpresa, la iglesia católica ha sostenido desde siempre un discurso rotundamente machista, impregnado por tópicos roles de género. ¿Quién no ha acudido a una ceremonia matrimonial en la que el cura, en su discurso a los novios decía cosas como estas?: “Y tú Enrique debes trabajar de manera honrada para que a tu familia no le falte de nada… Y tú María, te ocuparás de que tu casa sea un hogar en el que criar a tus hijos y hacerles crecer en la fe cristiana” (En una iglesia de Valencia el 27 de Septiembre de 2003).

 

La discriminación femenina comienza en la cuna

En varios países de Latinoamérica, Asia y África, el nacimiento de una niña se considera una desgracia o un castigo divino. El nacimiento de un niño, en cambio, es motivo de regocijo familiar. En países como Bolivia, donde se conserva la idea de que los hombres están hechos para el trabajo y las mujeres para la cocina, ambos padres lamentan el nacimiento de su hija.

Lo cierto es que, en toda sociedad patriarcal, se enseña a los niños, desde muy temprana edad, a valorar la virginidad y la belleza en las mujeres, y la virilidad e inteligencia en los hombres. Según los cuentos de hadas y princesas, la niña debe ser como Blanca nieves o Cenicienta, hermosa y bondadosa, si quiere encontrar un príncipe azul, ya que si es una mujer emancipada, con derechos y libertades, corre el riesgo de parecerse a la bruja Amelia o a la “reina con cabeza de cerdo”, que exaltan la imagen de un ser repugnante por dentro y por fuera.

En las propagandas comerciales se representa el estereotipo clásico de la mujer, quien, además de ser joven y bella, debe saber asear la casa y ser diestra en la cocina. Las niñas deben jugar con muñecas y ayudar a sus madres en los quehaceres domésticos Esta propaganda ideológica, lejos de estar reñida con el principio de que la mujer tiene los mismos derechos que el hombre, discrimina a la mujer desde el instante en que la presenta como a un ser menos capaz e inteligente que el hombre.

La mayoría de las mujeres están entrenadas para la resignación y el sometimiento. Se las obliga a quedarse en el hogar para cuidar a los hermanos menores, para ayudar en las labores domésticas, del campo y en el comercio informal. Es decir, las desventajas y la discriminación de la mujer comienzan en la cuna. En el área rural, ellas asisten menos que los varones a la escuela, dejan de educarse a muy temprana edad y, consiguientemente, constituyen la mayor tasa de analfabetismo.

Las niñas son los seres más despreciados en muchas culturas. Así, en las naciones dominadas por el Islam, la mujer es “ciudadana de segunda categoría”. Según una de las aleluyas del Corán, los hombres tienen autoridad sobre ellas, en virtud de la preferencia que Alá concedió a unos más que a otros. En algunos casos, las mujeres son tratadas con menos consideración que los animales domésticos. Los hombres no sólo controlan la procreación de hijos mediante el cuerpo de la mujer, sino que, a su vez, ejercen una actitud extremadamente violenta ante el adulterio femenino, que incluye la lapidación, el código de honor y el linchamiento.

En la India, Pakistán y Bangla Desh, existe una regla admitida para frenar el crecimiento de la población rural: todas las mujeres que esperen más de un hijo, deben abortar o ser esterilizadas. Si el primer hijo es una niña, la pareja puede tener un segundo hijo; si el segundo hijo más es una niña, puede tener opción a un tercero, pero pagando una multa; de lo contrario, se aplican medidas coercitivas de acuerdo al sistema de planificación familiar en vigencia, así este sistema de planificación neomalthusiano sea una clara violación a los Derechos Humanos y una discriminación abierta contra la mujer.

En la India, siguiendo las costumbres atávicas, un padre casa a su hija en un matrimonio de conveniencia, previo acuerdo y desembolso de una dote sustanciosa. Si los padres de la novia no satisfacen la demanda, simplemente queman viva a la novia. Y, aun estando prohibido oficialmente este tipo de enlace matrimonial, el 80% de los casamientos se efectúa sobre la base de un pago en dinero o especie.

En la comunidad de los guijars, en pleno corazón de la India, se mantiene intacta la costumbre de prometer a las niñas apenas nacen y celebrar la boda justo cuando éstas están en la edad de jugar y disfrutar de la vida. Las pequeñas novias alimentan la tradición ajenas a lo que significan los compromisos que sus familias han decidido por ellas. La boda se celebra tras rituales y ceremonias que pueden prolongarse varios días, sin que las niñas hayan terminado de jugar ni hayan visto siquiera la cara del novio.

En el ámbito rural se dan casos extremos como las “niñas viudas”, pequeñas prometidas en matrimonio desde la infancia que, al morir el novio antes de la boda, están condenadas a permanecer en viudedad por el resto de sus días. Otro caso es el de las niñas envenenadas, porque no tienen futuro como mujeres ni esposas, mucho menos como esposas, cuando se piensa que en la población más pobre de la India y Bangla Desh se debe pagar una dote para encontrar marido; realidad que nos trasmonta a las prácticas matrimoniales de la Edad Media, donde el matrimonio no se decidía por amor sino por conveniencia.

En los albores del nuevo milenio siguen siendo muchas las barreras que dificultan el desarrollo y el respeto de los Derechos Humanos de las niñas. Sin ir muy lejos, en algunas regiones del continente africano, más de 80 millones de niñas y adultas han sido circuncidadas mediante la ablación del clítoris y la infibulación; una forma de violación contra la dignidad de la mujer, consistente en extirpar de cuajo el clítoris y los labios menores, para luego coser la vulva hasta no dejarles sino un pequeño orificio que les permita menstruar y expeler la orina. Asimismo, para evitar el ayuntamiento carnal antes del matrimonio, colocan un elemento extraño en la parte exterior del orificio vaginal. En algunas tribus atraviesan transversalmente los labios mayores con espinas, las mismas que deben ser extraídas sólo por el marido la noche de la boda, como un acto ritual de posesión masculina.

La circuncisión realizada sin anestesia y con cualquier instrumento rudimentario, que va desde un cuchillo de cocina hasta un pedazo de vidrio, se ejerce en niñas recién nacidas o en púberes que acaban de tener su primer flujo menstrual, como una forma, según refieren las creencias ancestrales, de establecer un pacto con los dioses y asegurar la inmortalidad. Empero, la circuncisión, que provoca traumas psicológicos y complicaciones posteriores, no tiene otra finalidad que impedir el goce sexual de la mujer y el ejercicio de sus derechos más elementales; más aún, cuando existen sociedades tribales donde la mujer deber ser sometida a dolorosas experiencias para garantizar su lealtad al hombre y la colectividad, para tener una identidad y cumplir un rol social que le permita ser considerada mujer, esposa y madre.

Estos son algunos ejemplos que nos permiten afirmar la idea de que la discriminación de la mujer comienza en la cuna y, lo que es peor, se prolonga a lo largo de su vida.

Haciendo un mal plagio de Martin Luther King, concluimos:

”Hoy he tenido un sueño, un día, este mundo se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo, despertar un día en el que los seres humanos, no sean discriminados por su sexo”

 

 

Recomienda ésta página a un amigo
Todos los Campos son Obligatorios
Email de tu Amigo:
Nombre de tu Amigo:
Tu Nombre:
Reescribe el Código: 2049 <- Código de Seguridad

Página Principal  |  Contáctenos  | Aviso Legal sobre los Artículos  |  LoveStore Inn© Todos los Derechos Reservados